Aprender no basta: Cómo enseñar a desaprender y reaprender en el aula
El
aprendizaje es un viaje dinámico de reorganización neuronal. Sin embargo,
nuestras redes neuronales, a menudo, se anclan en patrones rígidos que bloquean
la creatividad y la solución de problemas novedosos.
Lee Aprender
a desaprender y reaprender
En
el siglo XXI, el conocimiento tiene fecha de caducidad. Por lo tanto, la
verdadera transformación cognitiva no reside en acumular información, sino en
la capacidad consciente de cuestionar, transformar o desechar aquello que ya no
es útil. Ésta es la esencia de desaprender.
Implica
observar nuestros propios procesos mentales y decidir, deliberadamente, qué
soltar para poder actuar con eficacia en situaciones nuevas. Entonces,
reaprendemos.
Esto
es, precisamente, una de las metas de la autogestión del aprendizaje, empoderar
a los estudiantes a ser aprendices permanentes y responder conscientemente a
los retos que se enfrenten.
El
ciclo de aprender, desaprender y reaprender, no es lineal, sino en espiral:
avanzamos cualitativamente de un punto a otro más alto en complejidad y
comprensión.*
En
este caso, el docente se convierte en un diseñador de experiencias de
aprendizaje que ayuden al estudiante a flexibilizar sus esquemas mentales,
cuestionar certezas y reconstruir significados.
Estrategias
didácticas para fomentar la autogestión del aprendizaje en los estudiantes
Estas
estrategias deben considerar:
La disonancia
cognitiva. Genera conflictos entre lo que creen y lo que observan,
para activar la atención y actualizar modelos cerebrales. Para ello se sugieren
preguntas que inviten a desaprender: ¿Qué crees que es esencial saber sobre
este tema? ¿Qué ideas aceptas sin cuestionar? ¿En qué situaciones estas ideas
podrían no funcionar?
El
desapego cognitivo. El desaprender requiere entrenar la
flexibilidad cognitiva y el pensamiento crítico, como cuando se observan
situaciones desde múltiples perspectivas antes de tomar decisiones. Por ello,
incluye debates donde deban defender primero una postura, luego la contraria y
finalmente una síntesis personal.
Trabajo
colaborativo con roles rotativos. Parecido al anterior, asigna
diferentes roles al grupo, de manera que vean el contenido desde múltiples
perspectivas. Ello facilita el desaprendizaje de enfoques unilaterales y
promueve el reaprendizaje a través del intercambio social de ideas.
Fomento
de la exploración y la flexibilidad. El foco está en romper
patrones y ampliar posibilidades, de tomar el error como un aliado y valorar la
lógica del pensamiento y la capacidad de revisar supuestos. Son recomendables
las dinámicas donde deban generar varias soluciones distintas a un mismo
problema en poco tiempo.
Problemas
auténticos y complejos. En la misma línea que el anterior, al
presentar desafíos reales exiges al estudiante a evaluar y aplicar una solución
factible o reimaginar distintas formas de afrontarlos.
Comparte tus prácticas seguidas o ideas de tu propio proceso de desaprendizaje y reaprendizaje.**
Las
narrativas que inspiren cambio. Permiten comprender que el
conocimiento es un proceso evolutivo, no un destino fijo; a la vez, que modelan
la idea de que reaprender es un signo de madurez intelectual. Por ejemplo,
compartir relatos de científicos, artistas o emprendedores que tuvieron que
abandonar certezas para avanzar.
Laboratorio
de actualización continua. El reaprender requiere espacios con
nuevas herramientas y dinámicas -que impliquen la plasticidad del cerebro,
ajuste, consolidación-, donde el conocimiento se revise y se actualice, a fin
de reconstruir su comprensión. Como, por ejemplo: proyectos iterativos donde
cada entrega obligue a identificar qué partes del trabajo previo ya no son
válidas tras recibir nueva información.
Enseñar
a pensar sobre cómo pensamos. Cuando se identifican
sesgos, hábitos y automatismos, es mucho más fácil soltarlos para desaprender y
reaprender. Implementa registros donde identifiquen sus acciones, las emociones
que surgen al cambiar de opinión y las estrategias que funcionaron. Esto
fortalece la autorregulación y la toma de decisiones.
Cuidado
del clima emocional y promoción del pensamiento
positivo. Es preciso establecer normas de convivencia
donde equivocarse sea normalizado y celebrar públicamente los cambios de
opinión. Esto convierte el aula en un espacio donde cambiar de idea no es un
fracaso, sino un logro.
Cómo enseñar a desaprender y reaprender
Desde
esta perspectiva, estructura el diseño de tus clases en cuatro fases generales:
|
Nº |
Fase y objetivo |
Ejemplos |
|
1 |
Activación (Aprender).
Recuperar saberes previos y generar curiosidad. |
Planteamiento de preguntas, microdebates
y mapas conceptuales rápidos |
|
2 |
Confrontación (Desaprender).
Provocar disonancia cognitiva para cuestionar creencias. |
Preguntas reflexivas y análisis: ¿Qué creía? ¿Qué evidencia lo
contradice? ¿Qué emociones aparecen? |
|
3 |
Reconstrucción (Reaprender).
Integrar nuevos significados y actualizar esquemas mentales. |
Reformulación de conceptos con palabras
propias y
generar productos o soluciones que incorporen la nueva perspectiva. |
|
4 |
Transferencia (Consolidar y
proyectar). Asegurar que el nuevo aprendizaje se generaliza a otros
contextos. |
Retos donde se aplique lo aprendido en situaciones nuevas y reflexión
final: ¿Qué cambié? ¿Qué mantengo? ¿Qué puedo seguir revisando? |
¿Cuáles estrategias usas con tus estudiantes? ¿Qué te resulta mejor? Coméntanos...
En conclusión.
Fomentar este ciclo implica formar personas capaces de navegar la complejidad,
cuestionar lo establecido y reinventarse continuamente en
un
mundo en constante cambio.
Nuestra
fortaleza como educadores es enseñar no solo a pensar sino también a soltar, a transformar
el saber de acuerdo a los nuevos requerimientos y convertir el aula
en un ecosistema de crecimiento permanente.
*Imagen generada
para esta publicación por Copilot
**Imagen
generada para esta publicación por ChatGPT


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